+ 1.

El 16 de enero pasado comencé las sesiones de quimioterapia y creo que se merecen un relato, porque tengo la impresión de que cada una de ellas tendrá su propia personalidad. A lo mejor me equivoco, pero desde luego la primera  fue toda una experiencia.

Me explicaré mejor. Mi quimioterapia esta compuesta por doce sesiones administradas cada quince días. El día anterior me hacen una analítica de comprobación para saber que mi organismo la tolerará. El mismo día, por la mañana tengo consulta con la doctora que “me lleva” y si todo está en orden, por la tarde, sobre las cinco, comienza la sesión. Permanezco en el “hospital de día” dos horas y media en las cuales me pasan dos productos y al terminar me conectan un tercero mediante una botella que lleva incorporado un sistema de bombeo y con el puesto, me voy casa. La bomba se conecta mediante un tubo a un dispositivo subcutáneo que me colocaron los especialistas de radiología intervencionista y que está conectado a la vena subclavia. Me llevo la “quimio” a casa y a los dos días vuelvo para que me desconecten, porque el producto tarda 40 horas en pasar.

La primera sesión es una inmersión en un universo desconocido que está muy cerca aunque no lo percibimos porque es una realidad ajena nuestra vida. De hecho el hospital de día,  de oncología, en “La Concha”, mi hospital, está en la primera planta del edificio y da a la fachada principal de la glorieta de Cristo Rey, (Madrid).  Ahora, que me incumbe, puedo distinguirla perfectamente cuando paso por allí con el coche. En realidad, es muy frecuente que convivamos, sin saberlo, con otras realidades muy diferentes de las que conforman nuestro mundo habitual y que pueden ser tremendas pero que solo conocemos por referencias de terceros  o  noticias lejanas y esporádicas hasta que, por alguna razón, se personan en nuestras vidas. Entonces la cosa cambia.

A esta primera sesión íbamos, mi mujer también iba, afortunadamente para mí hemos ido juntos a todo, inquietos, con esa inquietud que no disipa la información que la doctora nos había proporcionado; tratando de actuar con racionalidad y serenidad para a tener a raya la desazón que te produce enfrentar lo desconocido. El rosario de efectos secundarios que perfectamente documentados, te relatan no ayuda y te haces consciente de que te estás sometiendo a un tratamiento exterminador que mata todas aquellas células que se están reproduciendo, cualquiera que sea el proceso biológico al que pertenezcan.

El hospital de día de Oncología tiene una personalidad fuerte que depende en parte de la instalación, La antesala es  amplia y cómoda y ofrecen infusiones y pastas para los acompañantes que pueden estar instalados allí durante horas y horas. La sala de quimio  propiamente dicha está dotada con unos sillones/camilla, cómodos  en los que se puede descansar si te lo permite tu desazón,  y que están dispuestos en fila, en grupos de a dos. Un bosque de arboles  metálicos aquí y allá adornados con botes transparentes de distintos colores, la quimio es un mundo, y un sinfín de cables que acaban ineludiblemente en un brazo, mano o se esconden en los pliegues de la camisa o la blusa dan personalidad al paisaje.

Enfrente el control de enfermería, con profesionales competentes en lo técnico y experimentados en todo lo demás te atienden con suavidad. Afortunadamente uno tiene la sensación de que son son sobre todo acompañantes cualificados que te ayudan a pasar el trance. Cada uno el suyo, que se adivina distinto por el color o el número de bolsas que cuelgan del perchero, lo que te explica que cada individuo está allí haciendo su propio viaje. Algunos, en personas mayores, mayores de verdad, el gesto corporal, la torpeza de los movimientos, la expresión de la cara o la falta del cabello me indicaban la dureza de la lucha.  Sin duda esa realidad de dos horas y media con su trasiego de personas que entraban y salían  me hizo un poco más compasivo y cercano a mis congéneres a los que menudo tiendo a ignorar un tanto despectivamente, simplemente porque estoy en otro universo. Claro que ahora es fácil, porque  soy uno de ellos y no puedo por menos de sentir el mismo miedo y la misma esperanza.

 

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.