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Me quedan dos; y además me han retirado el producto más tóxico. Ya veo la salida de esta etapa con el alivio de librarme de los efectos secundarios, incluidos los de la dependencia física y sicológica y la satisfacción escolar de “prueba superada”.  Los aplausos y parabienes de mi entorno me hacen sentir que soy “un muchacho excelente”. Además,  tengo ganas de recuperar mi vida normal y mis actividades deportivas que tanto echo de menos. Incluso, tengo ganas de volver a mi puesto de trabajo en el Ministerio (¿ verdad que el cáncer afecta también al cerebro?) y recuperar entre todo ello la sensación de normalidad. Esa normalidad que tanto nos aburre, a veces, y de la que tanto abominamos.

Estos meses de baja laboral, de tantas horas de casa mirándome el ombligo son como un anticipo de lo que le espera a uno cuando se jubila. Ya se que- la jubilación- es una supuesta época de libertad en la que podemos desarrollar nuestros “más anhelados” proyectos personales; con el pequeño detalle de que para eso hay que tenerlos y disponer además de la capacidad de desarrollarlos. No es tan fácil; en general nuestras vidas están orientadas por un driver externo: el trabajo; y hay que sustituirlo por motivaciones internas, sin que estemos educados para ello. En fin……, ahora que vivimos más, ( los ecologistas dirían que más allá de nuestra vida útil), deberíamos pensar también en como emplear e invertir ese incremento de vida no solo en nuestra felicidad sino que tuviera una cierta utilidad social. El potencial existe.

El final de esta etapa no termina, sin embargo, con la experiencia “cáncer”; porque durante mucho tiempo estaré sometido a revisiones periódicas que no son sino la expresión de que pasado un tiempo, puede producirse una “recidiva”, una expresión técnica para decir que el cancer puede volver a manifestarse y además de otro modo no tan benigno. Ayer un colega me “informó” además de que en el caso del cancer de colon, la recidiva se manifiesta en metástasis localizadas en el cerebro. No se si será cierto, porque hay que poner en cuarentena todas estas informaciones cuyo fundamento se desconoce. Pero me sobresalté y mi inquietud interior, preexistente, un poco anestesiada por las racionalizaciones que empleamos para librarnos de sentimientos negativos salió a la superficie convertida en miedo; un miedo  modesto y pequeñito, que no quiere provocar reacciones histéricas ni modificar mis comportamientos y cursos de acción ordinarios, pero que se presenta como un invitado que viene para quedarse. O al menos, así lo sentí yo ayer, cruzando el comentario de mi colega con un hecho real y próximo; una persona de mi entorno familiar, operada hace seis años de cáncer de mama sufre una recidiva,  que afortunadamente parece localizada en la misma zona. Cuando le extirparon el tumor no la sometieron a un tratamiento complementario de quimio o radio. Y ahora está de vuelta.

Bendita quimio, ¿no?

1 Comment on +10

  1. José Mª de la Riva | 8 junio, 2016 en 11:31 am | Responder

    Hola José Ángel
    No era consciente de la situación que describes. Me alegro mucho de tu recuperación y sobre todo de el ánimo que manifiestas en lo que escribes.
    Nos vemos cuando quieras, aunque esto también esté en el marco de lo “no normal”.
    Mucho ánimo y un fuerte abrazo.

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