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Con un retraso de casi una semana he tenido, por fin, la undécima sesión de quimioterapia. Por nada especial, simple overbooking; parece que el cáncer crece en España con mayor velocidad que el PIB.  Ahora ya puedo dejarme llevar por la alegría que me proporciona pensar en un final cercano. Es una alegría matizada por el: ya está bien, cuantos meses dedicado exclusivamente a este tema . Y porque  la historia no termina aquí. Ya tengo tres citas de seguimiento y me imagino que este proceso me acompañará durante varios años. Es lógico y tranquilizador y al mismo tiempo me hace ver  que la espada de Damocles está sobre mi cabeza.

Ayer tuve un puesto individualizado; estaba solo y aislado del resto de enfermos y sin ver la sala, las enfermeras y la calle; sé, porque lo pregunté, que esos módulos   responden a una política pensada para proporcionar a los pacientes, sobre todo a los más graves una cierta intimidad. Creo que es un error; es importante que los enfermos estemos en contacto con los demás, entendiendo que no somos únicos y sin que  el propio hospital nos sintamos  marcados por una enfermedad que ha sido tratada y todavía lo es como un estigma que se calla o se comenta en voz baja. Somos muchos, con muchos tipos de problemas, algunos muy graves y que se juegan la vida. Y todos nosotros necesitamos visibilidad, respeto, y afecto.  El reconocimiento es una parte importante del trapiento sicológico y afectivo. Tengo que decir, sin embargo, que la mayoría de los puestos son discretamente abiertos y permiten el contacto siempre que el paciente lo desee.

Ah.. , yo no estaba aislado por mi gravedad; es que el sistema sortea los puestos y no tiene en cuenta la clase del paciente. Nos suena,¿ verdad?

Ayer también, tuve la oportunidad de hablar con una voluntaria que imparte “reiqui”. Amablemente, me preguntó si quería una sesión y le contesté que no, yo también lo más amablemente que pude. Se sorprendió un poco y me dijo que lo aceptaba, dándome toda suerte de explicaciones sobre las ventajas de esta terapia.  Resistí como pude sus explicaciones y entusiasmo, un poco apabullado por mi negativa y mi ignorancia que tampoco ella pudo disipar. Quizá, debería haber empezado por ahí, preguntándome si sabia en que consistía la técnica, y el origen de sus beneficios. En su defecto, en mi ignorancia, alcancé a construir un argumento de rechazo que no verbalicé: o sus efectos eran mágicos como una aplicación del bálsamo de “Fierabras” o una sesión aislada no iba a servir para gran cosa.

En fin, que el mundo “reiqui” vino a mi vera y le dije que no. Ese racionalismo tan occidental mío no tiene remedio. Reconozco que no tengo ninguna capacidad para incorporar elementos  y valores de culturas muy alejadas de la mía. Mira que si me perdí algo bueno……….

 

 

1 Comment on +11

  1. Jose Angel,
    Te has convertido en un magnífico narrador. Gracias por compartir lo que a tantos supervivientes nos gusta leerte.
    Falta que te leamos el +12 y podamos disfrutar de la nueva etapa juntos.
    Besos
    Memen

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