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Escribo esta mañana desde mi habitación de trabajo, en casa, donde me acuartelo, o me encapsulo como dice una amiga mía que también sabe lo que es esto. Un poco acobardado porque la sesión anterior fue más dura de llevar de lo que yo pensaba. Aunque la secuencia de pequeñas miserias es la misma, la intensidad de la náusea, el malestar, la diarrea, el sabor metálico en la boca y el cansancio fueron mayores. Que ya llevo seis, me explicó la doctora y son bastantes y parece que hay un cielo efecto acumulativo.

Esto de las explicaciones de los médicos daría para un monográfico. A pesar de que me tengo por persona de cierta formación y alcances  suficientes para mantener una conversación con matices creo que mis breves conversaciones quincenales con la oncóloga, previas a la sesión de quimio, no arrojan mucha luz sobre mi estado, más allá de una  tranquilizadora constatación de que todo lo que me pasa es normal y, en su intensidad, está dentro de los limites. Yo no estoy muy seguro de saber lo que tendría que saber, pero tampoco de lo contrario y todavía menos de cuáles son las preguntas pertinentes que debería realizar para que mis dudas y temores se desvanecieran con mayor fuerza . Y no es un juego dialéctico. En mi última consulta con la cirujana de digestivo me enteré  de que en el lote de lo suprimido entraba además del cáncer maligno  una “válvula” cuya existencia ignoraba y que debe tener un efecto regulador útil. Al no tenerla supe que la  producción de gases  de mi intestino es mayor o se regula peor y de ahí mis molestias que fueron, en realidad, la base de mi pregunta. Me dio por pensar, tontamente seguro, si además de mi querida e ignorada válvula habría perdido también algún otro elemento que viniera de fábrica,  de utilidad dudosa por supuesto, y cuyo conocimiento me permitiría interpretar el funcionamiento de mi organismo más adecuadamente. Porque eso ayuda. Pero, honradamente, no se si tendré valor para hacerlo en la próxima consulta, teniendo en cuenta  que ni siquiera se como enfocar la pregunta y el ambiente impone.

Ayer un colega de quimio que está con los mismo achaques, en este caso de vejiga, me dio una disertación sobre sus males y el proceso operatorio que me ayudó en cierto modo a justificar esa parquedad médica. La verdad es que el hombre no tenía las cosas muy claras o no las explicaba bien y tengo la impresión de que sus interpretaciones no se atenían estrictamente a la información de los doctores. Supongo que por eso dicen poco; así las interpretaciones son más sencillas. Además, válvula más o menos, lo que de verdad subyace, en el fondo, es la cuestión de si me curaré o no, o si al menos podré sobrevivir como un enfermo crónico, con cierto confort. Porque todos los enfermos de cáncer hemos aprendido sobre la marcha cuáles son las categorías básicas y queremos saber en cual estamos. Con suerte, en la de libertad vigilada  por un periodo de 10 o 15 años. Saber que no estás a salvo, al menos no en un periodo muy largo de tiempo, asusta un poco. Y por eso tampoco puedes enfadarte mucho con  los médicos.

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