Historia. Capítulo VII. Medios de Comunicación

En cuanto a los medios de comunicación, lo primero que tengo que decir, es que fueron fundamentales para que Ciuden fuera conocida. Y en esta reflexión, en la que aparecen figuras y episodios singulares, no quiero meter en el mismo saco a los propietarios de los medios, a los gestores y directores y a los profesionales de la comunicación, porque, según su rol, lo que veían en Ciuden y lo que esperaban de ella era muy diferente.

Los profesionales hicieron su trabajo de informar y estuvieron allí donde Ciuden generaba una noticia. Me atrevería a decir que les gustaba el proyecto y respetaron que solo se hablase de expectativas cuando no había elementos tangibles que presentar y tuvieron paciencia para esperar el tiempo de las realizaciones y contarlas cuando llegaron. Más allá de su trabajo, en los contactos personales que, a lo largo del tiempo, mantuve con algunos de ellos, me formé la opinión de que eran un grupo conocedor de las dinámicas locales que, en general, miraban con cierta distancia y lucidez, lo que no les impedía colocarse según las circunstancias, dependiendo de sus intereses y sus necesidades.

Otro nivel, diferente era el de los directores de los medios de comunicación, que sin menoscabo de su profesionalidad, (que no siempre me pareció evidente), funcionaban más como buscadores incansables de financiación utilizando estrategias variadas; quiero decir que oscilaban entre la hostilidad abierta, encubierta o la amistad aparente. Se daba la circunstancia de que, normalmente, el cambio de dirección en el medio llevaba aparejada una visita a Ciuden y un replanteo de la estrategia. Claro que el objetivo era el mismo.

Es verdad que no tengo buena opinión de esos responsables. Tal vez, en su defensa hay que decir que la crisis económica extremó la debilidad de sus cuentas y seguir a flote era muchas veces angustioso. Pero en la práctica todo se resolvía buscando patrocinadores, que de un modo u otro pagaran por publicar información que, en muchos casos hubieran debido ofrecer de manera abierta y gratuita. Para decirlo todo, no solo los periódicos locales buscaban financiación. Creo recordar que Ciuden firmó un convenio de colaboración con la agencia EFE para publicar informaciones que, en mi opinión, por lo menos parcialmente hubieran debido publicarse de oficio.

Ciuden estuvo siempre entre los patrocinadores deseados. Su situación económica era buena, necesitaba cobertura mediática para darse a conocer más allá de las propias realizaciones que necesariamente tardarían en llegar, y dado su carácter de fundación pública según normas no escritas debía entender las dificultades de los elementos de la sociedad en la que vivía, tratando a todos los medios con ecuanimidad. Por otro lado, si alguno se sentía perjudicado encontraba el modo de hacerlo saber.

Entre todos aquellos medios existían algunos cuyos propietarios eran próceres locales con muchos intereses económicos; constructores, con empresas de explotación y servicios, ligados por aquí y por allá a la administración provincial y autonómica. Figuras no exclusivas del El Bierzo, que constituyen un entramado de poder íntimamente relacionado con el poder político. Estas figuras se dejaban ver menos; actuaban siempre a través de los administradores, que habían aprendido a vivir en la intermediación de intereses, poniendo la cara amable o la desagradable, según la ocasión.

La influencia de los medios en la política local era entonces y supongo que continúa siendo, muy importante; los partidos políticos lo saben, le conceden gran importancia y dedican notables esfuerzos a mantener abiertos canales de comunicación que permitan que sus manifestaciones y actividades sean recogidas, (o ignoradas según convenga) de la forma más adecuada a sus intereses.

Al menos en el periodo en el que estuve en la dirección de Ciuden, los medios en la provincia de León tenían una deriva clara hacia el PP, que se acentuaba en los periodos electorales. No obstante mantenían una apariencia de neutralidad que desarrollaban con cierta habilidad para que el resto de los partidos políticos, especialmente el PSOE, tuvieran también su espacio. Era importante que sus actividades y sus líderes aparecieran en sus páginas y escenificaran su presencia pública. Al servicio de esta necesidad de mantener abierto un canal para trasladar sus posiciones políticas y sus actuaciones, todos los responsables de los partidos políticos importantes, a cualquier nivel (local, comarcal o provincial), intentaban y parecían conseguir , momentáneamente, lo que eufemísticamente se llamaba “tener entrada”, o sea, un nivel de interlocución adecuado con los máximos responsables de los medios de comunicación. En realidad, a lo que se accedía era a una relación frágil y complicada, llena de condicionantes, ya que la propiedad del diario tenía múltiples intereses en la comunidad autónoma. Y en los momentos decisivos, como eran los procesos electorales, siempre existían razones para que se pusiera de manifiesto a quién se apoyaba verdaderamente, para decepción y crítica de las otras fuerzas políticas. Paradójicamente nadie parecía aprender de la experiencia y lo sabido no impedía que los nuevos responsables políticos, (“esta vez será diferente” decían), aspirasen de nuevo a crear y mantener esa entrada.

Para estos medios, Ciuden fue un nuevo elemento que ofrecía perspectivas interesantes: noticias e informaciones de alcance, valiosas en sí mismas; era, sin duda, un actor institucional que modificaba el juego de relaciones existente y cuya aparición tenía una dimensión política que ellos entendían perfectamente. Por otra parte, era un agente con importantes recursos en una época de dificultades económicas, y como todos los actores con una raíz política, dependiente de los buenos o malos titulares.

Todos estos elementos determinaron que la relación de Ciuden con los medios de comunicación fuera amplia; sus actividades fueron recogidas con interés y detalle siempre, aunque las cabeceras, los editoriales, tribunas y demás instrumentos de opinión propia, se encargaran de compensar la amplitud dada a la información con matizaciones críticas.

De cualquier modo, creo correcto decir que lo que fue Ciuden, su evolución y sus logros fue contada con extensión y detalle por los medios de comunicación y supongo que en, buena medida, entendida por la población. Y que cualquier investigación, que pudiera realizarse en el futuro, sobre la fundación debería contar con el concurso inestimable de las hemerotecas, aceptando, claro está, que no siempre la neutralidad presidió su labor informativa.

La política de comunicación de Ciuden, que nunca comprometió grandes recursos económicos pero que dispuso de un gabinete de comunicación integrado por profesionales, era el resultado de conciliar un conjunto de necesidades; internas la mayoría y otras del exterior.

La más importante era la necesidad de afianzar su imagen publica y su existencia por encima de las criticas partidarias; la comunicación sobre el trabajo y los logros técnicos conseguidos hizo fraguar un cierto respeto y aprecio social que mitigaba la condición de Ciuden como “institución forastera”. Por otra parte, hubo que trabajar duro para conseguir que el origen político de la institución, su pecado original, quedase diluido en los logros crecientes de sus proyectos. Pero la Fundación también tuvo que servirse de los medios de comunicación como palanca para trasladar las posiciones propias y de contestación a nuestros adversarios, lo que por cierto nos volvía a meter en el avispero político. Además siempre tuvimos que buscar el equilibrio entre la necesidad inevitable de gestionar las relaciones con los medios para conseguir estar presentes en la sociedad berciana y autonómica y la colaboración en actuaciones que a ellos les proporcionaran algún beneficio económico.

Un puzle complicado y a veces contradictorio. Me gustaría poder decir que acertamos siempre; que todas las acciones de comunicación fueron adecuadas, pero eso siempre es difícil de medir, y no faltarán quienes digan que la política de comunicación de Ciuden fue excesiva y propagandística. Lo que si sé, con seguridad, es que hoy, en una situación análoga tendría tantas dificultades para tomar tomar decisiones como las que tuve entonces, esencialmente por la relación entre  la comunicación y la presencia pública y por tanto política, en un contexto que, me temo, no habrá cambiado demasiado y en el que las decisiones sobre la acciones de comunicación estarían rodeadas, con frecuencia, de factores exógenos ajenos a sus propios objetivos.

 

 

1 Comment on Historia. Capítulo VII. Medios de Comunicación

  1. Esther Aparicio | 20 mayo, 2016 en 5:22 pm | Responder

    Proyectos, realidades y medios de comunicación

    Cuando se trabaja en un proyecto que afecta a lo público, no basta con poner todo el conocimiento y todos los esfuerzos en hacer las cosas bien, sobre todo, comunicarlo es vital. Pareciese que esto último estuviese por encima de todo lo demás, por eso no conviene subestimar este tema. Lo importante no es lo que se sea, sino lo que se parezca. Si no comunicas, no existes. Además, el mensaje que llega a la gente se convierte en la realidad: por acción, por omisión, por distorsión, por lo que sea. Para una parte importante de la población, las cosas son lo que sale en los medios y por lo que respecta a lo local esta situación se acentúa, porque hay medios que tienen mucha presencia y que cuentan con la ventaja de que la mayoría de la gente ni siquiera sabe a quien pertenecen. Dichos medios desarrollan una buena labor informativa, pero también tienen la capacidad de formar parte de un sistema, de ser, en algunas ocasiones, un instrumento del poder político y del económico, aunque según en qué situaciones no tengo muy clara la diferencia entre ambos poderes.

    Ciuden era una institución curiosa, porque desarrollaba un trabajo muy técnico, a la vez que mantenía un origen de marcado carácter político. Esta dualidad estaba especialmente presente en todo lo relacionado con los proyectos del Museo Nacional de la Energía y afectaba a mi actividad diaria como responsable de su creación. Especialmente en momentos electorales o de conflicto político, pero en general siempre, porque nuestra consigna era “comunicar con lo que se hace”, así que la cuestión era hacer, hacer, hacer, demostrar con nuestro trabajo que se estaban haciendo las cosas y comunicarlo de muchas maneras, tratando de abrir la institución y de que los medios de comunicación nos siguiesen en ese camino. Tengo que decir que creo que a los periodistas si les contagiamos un cierto optimismo o siempre me pareció que, en mayor o menor medida, simpatizaban con el proyecto y quiero pensar que nos veían como gente con criterio y compromiso sincero con lo que estábamos haciendo. También he de decir que al principio me sorprendía, sobre todo en momentos de tensión, ver todos los días en los medios el objeto de mi trabajo, a veces con titulares que era como si viniesen de una realidad paralela que no reconocía como mía, aunque a todo se acostumbra uno, sobre todo cuando sabes que esa práctica nada tiene que ver con el periodismo.

    Por último, hay algo que siempre pensé que tenía su complicación: cómo comunicar proyectos complejos, como era éste del Museo y en general todos los de Ciuden. La sociedad actual consume noticias tan deprisa como consume un refresco, pasamos de una cosa a otra con una necesaria superficialidad. Así que todo se ve como por encima, sin tiempo para pararse a pensar y, en medio de todo eso, los proyectos complejos tiene dificultades para moverse, para ocupar un lugar más allá de un titular. No hay momento para el matiz, para el detalle que puede cambiar radicalmente un asunto, no hay momento para discernir lo banal de lo realmente trascendente; de aquello que puede cambiar la vida de mucha gente. Todo tiene el mismo tratamiento, aunque he de decir, que la mayoría de los medios se esforzaron por incorporar información de proyecto más detallada. También me parecía sorprendente participar en cosas que tenían trascendencia incluso internacional y que rara vez ocupase espacio más allá del que se le dedicaba a El Bierzo en los medios provinciales.

    En esta mezcla de intereses e información de consumo rápido, agradezco mucho todo lo que aprendí, porque una cosa es tratar de ser una buena directora técnica y otra muy distinta es añadirle a eso una labor constante de comunicación de tu propio trabajo; interiorizar que el uno sin el otro no pueden existir en un proyecto de esas características. Aprender a resumir, a ir al corazón de las cosas, a lanzar una frase que condense todo lo que hay detrás de lo que se hace: “museo de las personas”, ”museo participativo”, “aprovechar el pasado para hablar de futuro” y tantas otras frases que trataban de sacar la esencia de lo que se estaba haciendo y expresarlo en un lenguaje más mediático, eso también se aprende por el camino y esa experiencia yo no la tenía, o por lo menos no la tenía con esa intensidad. Porque yo había ido allí para hacer el mejor museo que se nos pudiese imaginar con los recursos que teníamos, pero nunca pensé que aquello sería también una aventura mediática en la que tendría que participar en primera persona.

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