¿Conoces el Bierzo?

El Bierzo es un lugar especial para mí; y estoy seguro que también para muchos de los que conocen esa comarca, a la vez expuesta y escondida, encajada entre León y Galicia y con una cierta impronta asturiana que fluye a través del río Sil navegando sobre una tradición minera compartida.

No es una comarca demasiado conocida. La gran autovía que nos lleva a Galicia desde Madrid pasa por El Bierzo aupada sobre viaductos que dejan el territorio por debajo, como si se hubiera producido un hundimiento. Y allí, abajo, lejos y cerca, a la vez, existe una forma de vida con una textura peculiar que desde nuestro coche, veloz, somos incapaces de percibir. Ya sé que esta circunstancia tiene que ver sobre todo con la forma de viajar; las autovías son estupendas para moverse con eficacia pero a cambio te alejan del territorio. Todas las autovías se parecen, y hacen que el viaje se convierta en algo abstracto y neutro. Cuando entramos en el Bierzo, desde las atalayas que nos sirven para sobrevolar la comarca, se divisan los pueblos empastados en el paisaje; hermoso siempre porque es agreste, pero lejano y hermético no nos deja adivinar casi nada sobre sus gentes y formas de vida.Yo como tanto otros, no conocía el Bierzo. Había transitado, eso sí, por esa autovia, incluso por la carretera anterior, la nacional seis, que atravesaba la comarca más a ras de suelo pasando por Ponferrada,una ciudad especialmente afeada entonces por los humos y los parques de carbón de las centrales térmicas . Y poco más.

Mi relación con este territorio comienza de verdad en el año 2007, concretamente el día siete de enero y se prolonga hasta el mes de mayo del año 2012. Estos cinco años de mi vida han sido tan importantes como para que en este blog personal reserve un espacio para contar la historia Entonces tuve una oportunidad singular: dirigir una fundación pública recien creada, Ciuden, que tenía el objetivo de dinamizar el desarrollo de la comarca. Era singular en muchos aspectos; no todos los días a un gestor se le ofrece la oportunidad de crear algo, desde la nada; quiero decir nada más que el contenido de unos estatutos o un acuerdo de Consejo de Ministros. Habitualmente los gestores se hacen cargo de instituciones que ya existen y arrastran su historia, que generalmente condiciona tremendamente su futuro. En esta ocasión, excepcionalmente, todo estaba por hacer. El primer miembro de Ciuden fui yo.

También era especial, para mí, el emplazamiento, lejos de Madrid y que me obligaba a dejar a mi familia y mis amigos. La residencia de Ciuden estaba en Ponferrada y no era posible dirigir el proceso de creación desde lejos.Y también eran especiales los proyectos que Ciuden tenía que poner en marcha; muy diferentes en la temática, la dimensión económica y los profesionales que se necesitaban. En resumen, que tuve la oportunidad de crear y dirigir una pequeña torre de Babel.

La creación y puesta en marcha de Ciuden es uno de los episodios más apasionantes de mi vida personal y profesional; atravesé por un sinfín de episodios, de todo tipo: duros y muy duros y algunos también reconfortantes y positivos. Pero en cualquier caso, de tal intensidad que me apetece reservar un espacio de este blog para contar la historia. A mí me parece que hay mucho que contar.

 

Nota.

He tenido la suerte de que mi historia interese a ciertas personas que leen el blog y que una muy concreta y especial, amiga y responsable, en buena medida, de que me decidiera a escribirla, realice comentarios desde una perspectiva muy distinta, con claves propias y  muy ajenas a las mías. El resultado es que la historia se enriquece porque se acompaña de consideraciones inalcanzables de otro modo y se bifurca en caminos de reflexión muy variados. Tanto a los lectores como al colaborador: Muchas gracias.

 

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