Daños colaterales

He vuelto al hospital, a que me realizaran una tercera intervención. Nada relacionado con el cáncer, que de momento a desaparecido de mi vida, por lo menos hasta enero que tengo la segunda revisión. Esta vez la operación era para corregir una hernia ventral, una rotura de la pared del vientre, producida por un mal cosido en la última operación. La hernia se presentó casi desde el principio, como un bulto que aparecía cuando yo adoptaba ciertas posiciones, al acostarme por ejemplo. No hice caso de aquella protuberancia pequeñita, que no sabía interpretar y tampoco fui al medico para tener un diagnostico o mayor información. Con el tiempo empecé a hacer vida normal, ir al gimnasio, jugar al squash y el bulto fue haciéndose más grande, mi vientre comenzó a estar más deformado y en algún momento decidí que aquello era normal.

Tener un diagnostico me costó varios paseos y consultas. el primer medico, sin exploración alguna concluyó que la hernia era pequeña y podía seguir con mi vida eso sí con una faja cuando realizara deporte. Una segunda visita a otro especialista concluyó que la hernia era de 10 centímetros y que era mejor operar.

Retrospectivamente, me encuentro indefenso ante mi dejadez y ante la incuria medica y no puedo por menos de considerar cuantas situaciones graves serán tratadas con la misma falta de rigor; y esta vez me incluyo. Se que podía y debía haber sido más diligente conmigo; que en definitiva es mi cuerpo y mi salud. Supongo que fue mi deseo de olvidar ese tiempo hospitalario tan duro; no sé; pero en cualquier caso creo que falté a un deber para conmigo. A  fin de cuentas nosotros, cada uno, somos los principales responsables y valedores de nuestra salud.

De la operación, tengo que decir que no me gustó volver al hospital, a la misma planta y a esa sensación tan peculiar que tienes cuando te bajan en la cama para entrar en el quirófano. Tal vez estaba demasiado reciente el proceso anterior y yo era más consciente de que todo puede complicarse;  puede aparecer una infección, o cualquier otro tipo de daño colateral que uno nunca conoce a priori. O sea que tenía miedo; un miedo pequeñito, poco racional y antiestadistico; pero es que muchas personas que se mueren en los hospitales lo son por esas complicaciones raras que no le pasan a casi nadie.

Lo único bueno, las enfermeras que me conocían todas y el alta que me dieron en dos días, aunque con la servidumbre de un bote de drenaje con su correspondiente tubo que salía de mi vientre. Estuve estresado hasta que me lo quitaron. En conjunto, para una operación mucho menor mi respuesta ha sido bastante mala. No quiero volver a un hospital en mucho tiempo.

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