El Valle de Fornela

 

En el Bierzo hay muchos lugares hermosos y recónditos que no están en las rutas principales sino en las faldas de las montañas que delimitan la propia comarca. Uno de esos lugares es el Valle de Fornela.

Para entrar en él hay que llegar a un pueblo de gran tradición minera, Fabero y desde una de las salidas moverse hacia el noroeste por una carretera que no tiene pérdida pero si  pasos estrechos y curvas que no se ven en casi ninguna otra parte. El sentimiento de adentrarse en lo remoto aumenta con el paso de los kilómetros que no son tantos, pero que se hacen largos por las constantes subidas y bajadas que hay que gestionar hasta llegar a Peranzanes, la capital del valle. Unos pocos kilómetros más arriba se encuentra Chano, una pequeña población que cuenta  con un castro celta autentico y una recreación aceptable y que ofrece una visión fantástica de la parte superior del valle. En el tramo siguiente está Guimara, donde termina la carretera, o mejor dicho, se transforma en pista forestal que permite realizar excursiones a pie de senderismo y montaña y excursiones a los 4X4 de una singular belleza.

IMG_0017En invierno, los habitantes del valle se cuentan con los dedos de una mano y seguro que sobran, pero en verano, los antiguos residentes vuelven y las poblaciones, de casas remozadas, se vuelven bulliciosas para orgullo de sus alcaldes. Hay mucha energía y dinero invertido en estos pueblos casi vacíos pero no abandonados porque sus vecinos o ex vecinos siguen manteniendo con sus casas y sus fincas una relación muy intensa. No se si tanto esfuerzo tiene sentido, pero en todo caso, está ahí y es conmovedor.

A me gusta ir a Peranzanes en primavera, cuando las escobas están en flor y el valle se viste de amarillos, morados y blancos sobre una alfombra verde que es realmente especial. Hay alojamiento, comida y muchas rutas poco conocidas y menos frecuentadas para sentir muy de cerca la naturaleza. Me gusta por todo eso, pero, seguramente, un poco más por la relación personal que establecí con ese valle siendo director general de Ciuden. Fue uno de los lugares donde apoyamos la mejora de la infraestructura turística, construyendo unas cabañas, y un mirador y completando la instalación informativa del Castro de Chano. Todo ello dio lugar a una relación especial con la gente de allí que, apreciaba nuestro esfuerzo y cuando llegábamos nos hacía sentir como en casa. Contribuimos a crear algo, a construir un futuro en torno al turismo rural, a dar forma a la esperanza y siempre que voy por esos parajes los olores de la naturaleza se mezclan con los recuerdos. El resultado es único.

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