Historia, Capítulo IV. Los beneficiarios de la iniciativa.

Aterrizando en la realidad berciana y mientras conseguía una casa adecuada, me alojaba en uno de los hoteles locales. Una noche de zapping sintonicé, por azar, el canal local de Ponferrada TV. Emitía un programa de debate político con sus tertulianos correspondientes; el tema: Ciuden. Llegué en el punto en el que unos de los asistentes, representante entonces (todavía lo es) de Izquierda Unida, solicitaba mi dimisión. Con energía, exponía al resto de contertulios y supongo que a alguna audiencia, que si el director de Ciuden no iba a cumplir la promesa de Zapatero de crear 7.500 puestos de trabajo- en ocasiones la cifra se elevaba a 8500- debía dimitir de forma inmediata.

El resto de invitados, asentía: un incumplimiento flagrante, en principio solo atribuible a mí, que en una primera manifestación contradecía una directriz, nada menos que, del presidente del Gobierno. Yo estaba muy sorprendido y sin entender gran cosa, todo aquello, los contertulios, el programa y el discurso me parecían un esperpento. Pero ciertamente, en una semana, se estaba pidiendo mi dimisión en la televisión local. Y mientras pensaba que era absurdo no dejaba de invadirme una cierta aprensión; así que intenté tranquilizarme fabricando, sobre la marcha, dos argumentos que me ayudaron a creer que los locos eran ellos. El primero, razonablemente ajustado: a quien se le ocurre que yo me atreva a desmentir una directriz del presidente del Gobierno. En segundo lugar, otro que me pareció incluso de mayor fundamento: como se puede atribuir al presidente una estupidez semejante. Está claro que yo, entonces, tenía muy presente el principio de obediencia debida y una gran fe en la sensatez del presidente del Gobierno.

La descalificación, era algo impostado y falso, como tantas otras cosas de la política local. El presidente Zapatero nunca mencionó aquella cifra que, buceando aquí y allá, acabé por saber que figuraba en el programa electoral municipal del PSOE, de las elecciones de 2004 y cuya virtualidad no fue nunca seriamente cuestionada, entre otras razones porque el PSOE no las ganó. Claro que a los tertulianos eso les daba igual. Ponferrada capital de la energía y la fundación Ciudad de la Energía tenían algo en común. Y se estaba ya en la precampaña de las elecciones municipales de 2007 y la oferta del PSOE respaldada por el Gobierno era algo a neutralizar; y yo al ofrecer una perspectiva real había abierto una puerta que permitía “exigir al Gobierno el cumplimiento de una promesa que nunca realizó”. Ya se sabe que si una aseveración falsa es aceptada tiene la virtud de ser cierta en sus consecuencias. Pues así estábamos.

El incumplimiento fue ampliamente utilizado durante la campaña electoral que comenzó poco después y sirvió para que nuestros adversarios ironizaran abundantemente sobre la inexistencia de la fundación; se hicieron bastantes chascarrillos y gracias que utilizaron diversos partidos, capitaneados por el más importante, el PP. Que era humo se dijo en algún mitin, la ciudad de la pila, un invento, etc. A fin de cuentas cuando un tema se hace tema de campaña todos tienen que echar su cuarto a espadas, y de forma coral, reclamaron una y otra vez el cumplimiento de los 7.500 puestos de trabajo con tanta fuerza como mendacidad. Tan útil fue ese espantajo, que tomó carta de naturaleza en el discurso de la oposición y se perpetuó en boca de algunos personajes. Sin ir más lejos, en la boca de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, hoy fallecida, verdadera virreina del PP, que todavía en el año 2011, a la puerta del triunfo  de ese partido en las elecciones nacionales, mantenía la misma tesis: Zapatero estaba en deuda con la provincia y con El Bierzo, porque brillaba por su ausencia aquella marea de empleos que nadie prometió.

Yo, además de pensar que era acreedor al record Guinness, en la categoría de “menor tiempo transcurrido” entre la toma de posesión y la solicitud de dimisión, seguía sin entender gran cosa. Estaba desconcertado por aquella reacción social que me parecía mezquina pero seguía confiado en la bondad del proyecto, mis propias fuerzas y en la eficacia del manto protector que constituían mis mayores. Tal vez, por eso, no aprendí mucho de aquel episodio; todavía se me escapaba que la fundación y yo éramos ya actores de una realidad social cuya estructura desconocía y que, además, estaba singularmente tensionada por la circunstancia electoral. En fin, que estaba inmerso en una historia que no tenía capacidad para interpretar, porque no entendía su significado más allá de lo inmediato y lo evidente.

Ahora, pienso que, más allá de la escandalosa irracionalidad con la que se manifestaba, la polvareda de los puestos de trabajo tenía una finalidad sensata: conocer el valor real del regalo recibido. El Gobierno creaba Ciuden para El Bierzo y ello constituía una distinción notable; pero también era cierto que lo hacía de forma torpe y con retrasos que producían desconfianza; por ello, el alboroto intentaba discernir si el valor del presente estaba o no a la altura de las expectativas suscitadas. El reto era considerable, porque la comarca llevaba ya bastantes años buscando un futuro alternativo a la minería del carbón y a la generación de electricidad. Se utilizaban, para ello, recursos económicos provenientes de unos fondos (Fondos MINER), creados para conseguir la transformación económica y social de las comarcas mineras de España. Con ellos se costearon muchas infraestructuras, algunas necesarias y otras superfluas, que no estaban sirviendo para cambiar el modelo productivo; jalonaban, aun lo hacen, el territorio como testigos mudos de una estrategia fallida y en el fondo eran un reproche permanente para todos los agentes sociales que habían participado en su gestión. Los fondos MINER estaban agotando su recorrido y Ciuden podría ser un elemento de continuación y de cambio. De continuación en el sentido del interés que todavía merecía la comarca para el gobierno central y de cambio, en relación con los objetivos y el modelo de actuación. De modo que, en ese periodo inicial, a través de recursos de todo tipo, incluido el debate social público y publicado, pienso yo que, entre todos, trataban de averiguar si aquello iba en serio o se trataba de un gesto más.

 

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