Historia. Capitulo IX. Los Fondos MINER: una fuente de subvención y una cultura

El Bierzo, por su carácter de comarca minera, ha dispuesto, desde hace muchos años, de una fuente de financiación especifica ligada al desarrollo de una política nacional de reindustrialización de las cuencas mineras (incluye a Asturias, Teruel y seguramente algunas otras comarcas españolas), dotada de importantes recursos económicos coloquialmente conocidos como “Fondos MINER”. La dotación de estos fondos está ubicada en los presupuestos del antiguo Ministerio de Industria y Energía, de lo que deriva el nombre, aunque la denominación de este departamento ha ido cambiando con el tiempo (hoy es el MINETUR).

Concebidos como motores de cambio, han aportado, durante muchos años fondos para distintos programas cuyos beneficiarios eran las empresas, los trabajadores y los municipios, que han conseguido un conjunto amplio de realizaciones de diverso tipo. Esta componente, positiva sin duda, ha tenido sin embargo varias contrapartidas negativas: acostumbrar a la comarca a una fuente de ingresos muy importante y de fácil acceso; anestesiar la capacidad de iniciativa propia para crear alternativas endógenas; subvencionar a las empresas mineras de manera cuanto menos cuestionable y contaminar los mecanismos de gestión con prácticas con riesgos clientelares, aunque la gestión haya sido y sea, sin duda, muy pulcra, desde el punto de vista administrativo,

Un resultado lleno de luces y sombras y que debería ser suficiente para cuestionar, hacia el futuro, los mecanismos de ayuda a este sector, en el caso de que deban mantenerse. La historia de qué hacer y cómo es una historia interminable, porque cada jugada se ha centrado siempre en resolver lo inmediato y no lo estratégico, como las patadas a seguir de los partidos de rugby. Más seriamente, la reindustrialización de las comarcas mineras es un problema complejo, de grandes implicaciones económicas y sociales, en el que participan muchos agentes con intereses divergentes y que se gestiona de forma que los resultados contenten a todos. Los resultados son siempre sub-óptimos y, al final de tanta gestión, el problema no solo no se resuelve, sino que empeora.

Pero con todo, eso no es lo más grave. Peor que a estas alturas se mezcle la reindustrialización, o mejor la reactivación de las comarcas mineras, tema que debe ser prioritario, con el mantenimiento de la minería del carbón y el apoyo a las empresas extractivas, lo que no está tan claro. Y ello no solo por razones de rentabilidad económica sino porque las exigencias de la lucha contra el cambio climático están colocando al carbón fuera de los combustibles del futuro y las apelaciones al carácter estratégico del carbón autóctono no dejan de ser un argumento artificial. En mi opinión, sería más adecuado dedicar cierto esfuerzo a investigar de qué modo este recurso puede utilizarse de forma rentable y compatible con las limitaciones de emisiones de CO2, o cómo este gas puede ser utilizado como materia prima en otros procesos.

O sea, que sería bueno que nuestras instituciones y partidos políticos establecieran más claramente las líneas de trabajo a medio plazo; me temo, sin embargo que eso no será posible; según nos cuenta la actualidad política, nuestros partidos discrepan sobre lo que hay que hacer y creo que también influye en ello la necesidad clientelar de captar votos para las elecciones de junio próximo. De la Junta de castilla y León no cabe esperar nada, más allá de discursos hechos para la ocasión y la reclamación al MINER de turno para que libere los fondos asignados en cada caso.

Ya se que una valoración de lo que han aportado los fondos MINER exige un análisis más profundo que estas reflexiones, que tienen, sin embargo, el valor de ser realizadas por un observador ajeno, aunque haya estado estrechamente vinculado por una responsabilidad institucional. Desde esa posición me atrevo a decir que estos fondos han incurrido en los mismos defectos que la mayoría de los programas que pretenden cambiar el curso de la dinámica económica sin cambiar la dinámica social. En ausencia de modelo y de estrategias de desarrollo, las actuaciones concretas quedaron en manos de la acción táctica local, lo que ha dado lugar a financiar proyectos con objetivos en muchos casos dudosos, poco claros y clientelares. Seguramente esto tenía que pasar, porque tener buenas ideas es difícil, desarrollarlas aún más complicado y siempre es más fácil dirigir la mirada a las infraestructuras, a veces necesarias y otras superfluas pero cuya ejecución y gasto se sabe acometer. De ahí que los fondos se utilizaran, en buena parte, para dar salida a iniciativas de los municipios de todo tipo: centros culturales, aulas de pesca, residencias, infraestructuras para polígonos industriales que nunca tuvieron empresas, polideportivos, piscinas y teatros, etc., que han sido utilizados para toda clase de fines. O a paliar carencias existentes, por ejemplo, en materia de vías de comunicación, con actuaciones que deberían haber realizado la Diputación o la Junta de Castilla y León

Aunque hayan generado puntas de actividad y por consiguiente cierto nivel de empleo, El Bierzo sigue apelando a la minería como motor económico, lo que significa que los fondos no han sido capaces de modificar el patrón de desarrollo y esa es una medida de su fracaso. Y como secuela, ha dejado a la comarca llena de infraestructuras en muchos casos cerradas porque no son sostenibles y otras con unos gastos de operación que constituyen un lastre para las arcas municipales.

Por eso llama la atención que a pesar del tiempo y de la experiencia adquirida a través de los numerosos proyectos ejecutados, la Junta de Castilla y León y la Diputación ( y el gobierno central), cada una en su ámbito de competencias, no hayan reformulado esta forma de actuar y generado iniciativas de mayor valor. Es posible que nadie estuviera interesado en modificar un sistema que les brindaba cierta posibilidad de influir  y discriminar y elegir a los recipiendarios de las ayudas, en una lógica de actuación muy vinculada a la estructura de poder existente. El balance de aspectos positivos y negativos deja la impresión de que lo peor es la pervivencia de una cultura del monocultivo de la subvención que autogenera sus propias necesidades y estructuras que acaban por constituirse en los verdaderos objetivos de la actuación con independencia de su eficacia.

No es de extrañar por ello que la creación de Ciuden fuera entendida por los agentes sociales en las claves habituales y de un modo u otro pretendieran (inicialmente ) utilizar en su relación con Ciuden el mismo sistema de reglas que ya funcionaba en el territorio. Ciuden no dejaba de ser otro “maná caído del cielo”; y esa creencia generalizada está bien recogida en una conversación que tuve con un empresario importante del Bierzo que ya he referido. Creíamos, me dijo, que “Ciuden se creaba para repartir un poco de dinero en El Bierzo”

Los Sindicatos

Los sindicatos de El Bierzo, UGT y CCOO, son esencialmente sindicatos mineros e industriales que llevan 40 años bregando con la crisis del carbón en un proceso duro y agónico cuyo final, siempre incierto, pero siempre escrito, será una fuerte disminución de todas las actividades extractivas y de generación de electricidad.

Conscientes de la situación, y junto con los sindicatos asturianos, han dado forma y cogestionado todas las reestructuraciones, ayudas, planes y demás actuaciones que se han desarrollado en las cuencas mineras, con objeto de encontrar una fórmula alternativa de crecimiento y desarrollo. A través, como ya he referido, de los fondos MINER , que por valor de muchos cientos de millones de euros han sido librados por el Gobierno central y gestionados por la Junta, los ayuntamientos mineros y los sindicatos.

Desde su posición de interlocutores de los empresarios mineros, y su rol institucional como cogestores de los fondos, han formado parte de los actores relevantes de la comunidad y existe una amplia percepción social de que en el conjunto de batallas libradas (hoy contra Bruselas, mañana contra el Gobierno central, la Junta o las empresas), las alianzas que se han tejido en cada episodio no han sido del todo confesables. Parece como si ese empeño último de mantener las explotaciones mineras más allá del límite establecido por la Unión Europea en 2018 hubiera elevado a máxima categoría aquello de que el fin justifica los medios.

Para los sindicatos, Ciuden era una promesa de futuro que funcionaba por una conexión, más imaginaria que real, entre las futuras tecnologías para el uso limpio del carbón y las actividades extractivas. En realidad, todo el mundo sabía que la tecnología no era la llave de la salvación de la actividad minera, afectada por problemas de competitividad, pero las nuevas tecnologías alimentaban la esperanza de construcción de una nueva planta en el emplazamiento de la central existente y era una buena señal de la consolidación de las actividades de generación eléctrica.

En el fondo, Ciuden siempre funcionó como una prueba del compromiso y la buena disposición del Gobierno de la Nación hacia la comarca y los problemas mineros. Los sindicatos, por su parte valoraron este hecho, aceptaron el presente y colocaron a la institución como uno de los activos importantes para el futuro. Como exponente de esa consideración pueden citarse muchos ejemplos de menciones de la fundación  y participaciones en actos públicos sindicales así como que, en las diferentes huelgas que realizaron en ese periodo, las instalaciones de Ciuden estuvieron siempre al margen de la presión sindical para conseguir la paralización de las actividades. Pero en realidad Ciuden nunca estuvo en el núcleo duro de las preocupaciones o intereses sindicales que eran más terrenales e inmediatas.

 

 

2 Comments on Historia. Capitulo IX. Los Fondos MINER: una fuente de subvención y una cultura

  1. El tema del desarrollo es sumamente complejo, porque depende de múltiples factores y en estos tiempos mucho más, tiempos en los que algo que pasa en una parte del planeta puede afectar a la vida en tu pueblo, así de fácil, así de sorprendente. Uno puede estar cómodamente asentado en una sensación de bienestar y un cambio cualquiera convierte tu territorio en un sitio sin oportunidades ciertas. Siempre se dice que por eso no se puede depender de una sola actividad económica, pero ¿eso como se hace?.

    Las comarcas mineras son un ejemplo claro de esta situación. Siempre me ha llamado la atención la forma en la que se ha planteado la reconversión de estos territorios. Los fondos Miner se pusieron en funcionamiento en los años 90 del siglo pasado, el objetivo era apoyar la transformación de estos territorios para generar otros modelos económicos. Se destinaron mucho fondos para ese objetivo, pero nunca he entendido la manera en la que se han gestionado, no es que me parezcan mal ni bien las actuaciones que se ha realizado con ellas, simplemente me pregunto: si el objetivo era la transformación, con esos proyectos ¿estamos más cerca de esa transformación?, es obvio que no, pero era previsible.

    La política de desarrollo territorial no puede estar en manos de cada ayuntamiento, porque su visión no va a ser de territorio, sino sumamente local. Las actuaciones locales no generan desarrollo, generan actividad puntual y por supuesto muchas mejoras, sobre todo en infraestructuras, pero no transforman sensiblemente el modelo económico. Así que sin la visión de hacia donde debían ir las comarcas mineras, sin nadie que comandase eso, que estableciese líneas claras de trabajo, aún a riesgo de fracasar. Sin ese aglutinador, por más dinero que se invierta, no se verá mucho fruto y como en el juego de la oca se vuelve casi al punto de partida. Esto, que en mi opinión es obvio, me sugiere una pregunta ¿ por qué se ha hecho así y se ha seguido haciendo así cuando se veía que no se iba a mucha parte?.

  2. CULTURA DE LA SUBVENCIÓN
    El análisis realizado en este capítulo me resulta familiar y me trae a la mente otras experiencias que he conocido en otros mundos lejos del descrito. Me ha llamado la atención porque siempre me han interesado las estructuras profundas y recurrentes que proporcionan a los humanos patrones de comportamiento. Y es que en el tema de las ayudas, quizás la antropología debería haber profundizado más y haber llegado a poner de manifiesto qué es lo que se juega entre los actores implicados.
    Me viene a la mente cuál el papel simbólico de todo tipo de ayudas incluidas muchas que se destinan al desarrollo (sobre todo cuando el destino ha sido una colonia y el remitente una metrópolis colonizadora) en gran parte del mundo actual. El análisis, por otra parte, sólo se puede llevar a cabo con probabilidad de éxito cuando dicha ayuda es repartida o controlada exclusivamente desde el universo local.
    Con frecuencia he observado que el tema de los fondos de ayuda suele ser clave para entender el lugar que ocupa “quien ayuda” en el imaginario de “quien recibe” dicha ayuda. En general, creo que estas ayudas, cuando son unilaterales como es el caso aquí descrito, se perciben como desequilibradas (porque no tienen retorno, van en una dirección) y desequilibradoras a lo largo del tiempo, dejando siempre abierta la expectativa de volver al equilibrio con la devolución. En realidad, lo habitual es más bien que se considere que son ayudas de justicia, que reequilibran una situación anterior en donde hubo desequilibrio. Es decir que no miran hacia el futuro, sino más bien que se explican desde el pasado.
    Con las sociedades que han sufrido procesos coloniales eso es lo que suele ocurrir. Siempre se dice que la antigua metrópoli debe compensar las tropelías llevadas a cabo en momentos anteriores sobre las sociedades colonizadas. En estos casos desde los destinatarios se percibe que la recepción de las ayudas es el comportamiento lógico y que es un deber prácticamente el llevarlo a cabo por parte de los donantes. No se indica nunca durante cuánto tiempo debe repararse un expolio; más bien la relación se solidifica y aparece como una estructura en donde uno ocupa a perpetuidad el papel de donante y el otro el de donatario.
    En toda cultura está instaurada la lógica del don. Dar, recibir, devolver. Es todo un lenguaje casi sagrado anterior al sistema de mercado, en el que existe un intercambio generalizado de bienes y servicios dentro de una comunidad. La donación unilateral sin nada a cambio es difícil de comprender desde el universo del receptor. En ocasiones es humillante e inaceptable. Crearía compromisos y desequilibrios. Es decir, puede generar sentimientos de obligación en el tiempo y por ello produce desconfianza. ¿Por qué se recibe ayuda? Puede preguntarse al receptor de la misma: ¿Pueden los receptores, con todo el derecho, reclamarla, exigirla? Ciuden se percibió como un “maná caído del cielo”, llegando un empresario a sugerir que esta Fundación “se creaba para repartir un poco de dinero en El Bierzo”. Pero ¿quién lo repartía? según ese empresario, ¿con qué objeto? ¿A cambio de qué?. Y la pregunta que yo me haría es: ¿Por qué razón desde la lógica empresarial puede entenderse que una fundación se crea para semejante fin? Está claro que sí existe una cultura profunda que se metamorfosea en forma de cultura de las ayudas, pero bajo la cual subyace todo un lenguaje informal, como se deja ver en el título de este capítulo.
    La cultura de la ayuda, para los receptores supone, implícitamente, que el Estado tiene la obligación moral de ayudar y desde el universo local se aceptará sin quedar claro cuál es la finalidad precisa de dicha ayuda. En ocasiones se puede llegar a considerar una ofensa el que la ayuda venga condicionada por un fin muy concreto. He visto casos, como sucede entre los fang de Guinea Ecuatorial, que consideran una injerencia el que la Cooperación Española pretenda controlar la finalidad de la ayuda. Las ayudas deben tener como finalidad proyectos de desarrollo pero esto solo es una premisa formal en todas las partes del mundo. Incluso en este caso el autor señala que “En ausencia de modelo y de estrategias de desarrollo, las actuaciones concretas quedaron en manos de la acción táctica local, lo que ha dado lugar a financiar proyectos con objetivos en muchos casos dudosos, poco claros y clientelares”.
    El presupuesto mental es, en muchas sociedades del mundo receptoras de ayuda, tal y como vengo afirmando que esta relación es fruto de una deuda histórica contraída en el tiempo por parte del quien ofrece la ayuda. Por lo tanto la ayuda es concebida como un premio al buen comportamiento de quien la recibe. Una respuesta a beneficios obtenidos anteriormente por el donante, por la sociedad en general, por los “otros” que ahora deberán reequilibrar la relación. Por tanto, en estas situaciones se percibe que se tiene un derecho a recibirla.
    Esta estructura de orden no está fosilizada y en ocasiones se desplaza del ámbito inicialmente expresado, el económico, al ámbito político como parece que pudo suceder en el caso aquí tratado, en donde se muestra el que “los fondos se utilizaran, en buena parte, para dar salida a iniciativas de los municipios de todo tipo: centros culturales, aulas de pesca, residencias, infraestructuras para polígonos industriales que nunca tuvieron empresas, polideportivos, piscinas y teatros, etc., que han sido utilizados para toda clase de fines”. Al final esas ayudas, invertidas en beneficio directo de determinadas capas sociales se convierten en recursos de los partidos y otros agentes locales para captar votos de cara a elecciones. Todo ello convenientemente resignificado y amplificado mediáticamente, a conveniencia, mediante la prensa local, a su vez, muchas veces supeditada a los agentes beneficiados por dichas ayudas.
    Los fondos MINER son una fuente de subvención pero, como dice al autor, son también una cultura. No los recibe cada individuo, sino que se reciben por parte del “nosotros” y luego se establecen formas de beneficio indirecto o se aplican a bienes de los cuales se pueden beneficiar colectivos determinados, beneficios para empresas, para barrios, etc. Al final los fondos pueden acabar siendo objeto de negociación y es en ese momento es donde se manifiesta la naturaleza del “nosotros” receptor.
    ¿A quién deben beneficiar? Los fondos parecen resignificarse en la mentalidad local en un universo mercantil y quien los administre en el plano local adquirirá prestigio en la medida en que suponen un extra que trastoca los equilibrios consolidados en el tiempo entre los distintos grupos locales. Todos saben que son el origen de sorpresas en el plano de la alteración del statu quo local. Estas ayudas son consideradas desde los destinatarios como una obligación de quien las otorga, o en caso contrario se considerarán como interesadas por parte del donante y por eso, en determinadas ocasiones, pueden incluso llegar a rechazarse. Quizás los recursos de la Fundación fueron percibidos en algunos momentos bajo esta lógica. Como si se afirmase: “si no lo controlamos nosotros ese desarrollo no nos interesa”. Es decir, que no se prima el desarrollo ante todo, sino la capacidad de administrarlo, su control. No olvidemos que la devolución que el donatario hace al donante se realiza, en ocasiones como esta, en forma de reconocimiento del prestigio del segundo, de su protagonismo, de su estatus, de su poderío. Todos ellos valores a los que, precisamente, aspira toda camarilla de poder local en una democracia. Seguramente uno de los dilemas más complejos de los receptores de ayuda fuera, en este caso, determinar si las ayudas se consideraban como “obligación” (como los fondos MINER, etc.) o si se les atribuía una “intención” y más bien creo que mientras la “cultura” generada por los fondos MINER responden a la primera lógica, el trabajo y las inversiones llevadas a cabo en el territorio por Ciuden más bien debieron ser interpretadas bajo la segunda. Hay que entender aquí la “intención” como un rasgo negativo, desde el punto de vista del universo local quien percibió seguramente una apuesta descontrolada (en el caso de Ciuden por el desarrollo local) por ocupar un espacio alternativo, y por tanto desequilibrador, a las estructuras consolidadas durante décadas en todo lo relacionado con procesos locales de decisión y de transacción.

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