Historia. Capítulo XI. PSOE. Primera parte.

El PSOE fue, sin duda, el actor más importante en la vida de Ciuden… y en la mía; en lo personal, porque mi militancia en este partido establecía con él un vinculo especial que, además, mantendré siempre. En lo social, porque el PSOE está en los intersticios de la génesis de la organización de forma abundante e intensa; Ciuden sin el PSOE no habría existido. Y en lo funcional, porque tuvo la tentación permanente de ejercer su maternidad; nunca, de un modo u otro, dejó de pensar que Ciuden le pertenecía y muchos de sus dirigentes intentaron controlar su funcionamiento, por vías directas o indirectas. En este empeño llegaron incluso al intento tomar el mando, por la vía de mi despido, y estuvieron a punto de conseguirlo.

Pero Ciuden no era, al menos no solo, una organización política; era una institución con un fuerte anclaje institucional (al que ya me referiré) y el encargo de poner en marcha un conjunto de programas de alto contenido tecnológico. El gasto de Ciuden en programas locales de desarrollo territorial no alcanzó nunca el 1% del total de su presupuesto. Simbólicamente, sin embargo, era el mejor representante de la acción transformadora del Gobierno y una fenomenal plataforma de gestión de intereses. Tenía recursos económicos y técnicos propios y como institución nacional, se situaba al margen de las disciplinas y reglas locales. En su acción tenía la capacidad para construir una realidad paralela, crear nuevos agentes sociales y cuestionar todos los modus operandi en vigor. Era una organización atractiva y potencialmente peligrosa, lo que explica tanto el furor destructivo del PP como las tentativas de apropiación del PSOE.

Para empezar a hablar de estos partidos políticos quiero, en primer lugar, poner a salvo a las organizaciones y decir que, en una simplificación necesaria, me refiero a personas o a grupos de personas concretos: específicamente, al grupo de dirigentes y dentro de él a personas con la capacidad para intervenir en la vida política de la comarca y que de hecho intervenían constantemente. Porque ellos sí se manifestaban y actuaban y tenían intereses y relaciones, y Ciuden estaba en un campo de juego que les concernía.

Para el PP, Ciuden siempre fue y solo fue una organización política. De hecho, en el año 2012, cerca del final, algunos dirigentes, entre los que estaba el presidente de ese partido en el Bierzo no se recataban en afirmar públicamente que: “Azuara es el Comisario Político del PSOE”. Tenía su gracia, sobre todo viniendo de los comisarios oficiales del PP.

El PSOE, en cambio, presentó la Fundación como una de las realizaciones más importantes para la comarca. Se atribuía, justificadamente, el mérito de su creación, que presentaba como una manifestación del interés del Gobierno en los temas del Bierzo, en el que además de la cercanía ideológica jugaba también la vinculación afectiva del propio Presidente del Gobierno, leonés, y que en su tiempo de secretario general del PSOE provincial tuvo una relación frecuente con la comarca.

En público, el PSOE siempre defendió el valor y la oportunidad de Ciuden y en los periodos electorales era habitual que se produjeran menciones a la fundación en los discursos de campaña. También entre sus cuadros, militantes y simpatizantes existió, prácticamente desde el comienzo, un sentimiento de apoyo que creció con el tiempo, en la medida que Ciuden fue manifestando su carácter y alcanzó resultados concretos.

Sin embargo, entre bastidores, la relación entre las direcciones de ambas organizaciones no fue siempre fácil, ya que con frecuencia surgieron divergencias en relación con el encaje de las actividades de Ciuden en las estrategias de la política local del PSOE. No se trata de que yo quisiera tomar distancia del carácter político que marcaba la creación de la fundación, ni vacilar en reafirmarlo públicamente cuando fuese oportuno. Al contrario, siempre presenté Ciuden como el producto de la acción del Gobierno y creí que sus resultados eran el mejor medio para reivindicar la iniciativa. Pero no quise poner a Ciuden al servicio de las necesidades o estrategias políticas a corto plazo, que además provenían de dirigentes que veían a la fundación como algo esencialmente instrumental. Pensaba y pienso -¡moralina va!- que las instituciones públicas deben tener un criterio orientador de sus actividades que trasciende a las necesidades políticas inmediatas y me parece que la utilización partidaria de las instituciones es una perversión del sistema y una de las fuentes más frecuentes de corrupción.

Además, no me ha gustado nunca escribir al dictado y asumí la responsabilidad y el riesgo de ser el director general de la fundación con todas sus consecuencias. Al hacerlo rompí puentes de entendimiento con los responsables comarcales y provinciales del partido e impedí por activa o por pasiva el desarrollo de algunas iniciativas. La más sonada y comentada en los medios se refirió a la creación de un Parque Tecnológico que, a la limón, pretendían poner en pie los alcaldes de Ponferrada (PP) y Camponaraya (PSOE), este último Secretario Comarcal del partido y senador y con influencia en el entorno inmediato del presidente del Gobierno.

Para mi sorpresa, una de tantas, las relaciones entre ambos partidos eran frecuentes y me parece que entre esas formaciones se entretejía una buena parte de la vida política de la comarca, mediante un sistema de relación y unos actores que alguien de por allí bautizó como “el PPOE”. Palabra que no es un invento mío.

Cuando fui invitado a liderar ese proyecto de parque tecnológico, en una comida con ambos alcaldes y algún personaje más, en un restaurante estupendo de Ponferrada, Casa Noval, me negué. No entendía el objetivo, y creía que el programa de tecnologías limpias de combustión del carbón de la fundación era precisamente el embrión de un desarrollo tecnológico que podía dar lugar a la presencia de otras empresas. Por lo tanto, no hacía falta otro parque. Además conocía algunos parques tecnológicos nacionales que no eran tales, al menos en el sentido de la complementariedad y sinergia del emblemático Silicon Valley al que todos querían emular, y creía que era una ocurrencia de poco valor de dos alcaldes con ganas de protagonizar portadas en los medios de comunicación.

Supongo que pude haber sido menos directo y esquivar la andanada llevando el tema al patronato de la fundación. Haber creado, como suele hacerse en estos casos, una situación con carta de naturaleza; se habría producido un trasiego de reuniones y viajes e informes que hubieran actuado como un rompeolas de la iniciativa. Me podía haber parapetado allí, pero afronté la decisión en solitario, dejando de lado el apoyo institucional que no me hubiera venido mal. Lo cierto es que esa audacia imprudente con la que no hice amigos me dejó solo frente a los autores de la iniciativa. Además, todo aquello, sin Ciuden, tuvo un recorrido corto y agónico que se materializó, casi exclusivamente en las declaraciones de algunos responsables políticos a los medios, para que las parroquias respectivas pensaran que sus lideres hacían algo.

Me preguntaron y tampoco en eso estuve seguramente fino. Dije lo que pensaba, que está por ahí, en las hemerotecas de los medios locales, con lo que al descalificar el proyecto públicamente vine a descalificar a sus mentores. Nada bueno.

La distancia con la ejecutiva comarcal del PSOE de aquel momento, cuyo secretario general era el ya fallecido, Antonio Canedo, se fue agrandando gradualmente, dibujándose en torno a episodios concretos, seguramente, sin demasiado valor más allá de testimoniar la diferencia. Yo, en este proceso conseguí el reconocimiento de que la fundación no se dirigía desde el PSOE, lo que sin duda era necesario para mi propia credibilidad y la de la organización y tuve por ello que pagar un precio elevado. Pasamos de la creencia general de que para conseguir algo de Ciuden había que hablar con Antonio Canedo a que en todas las tertulias y cenáculos que él frecuentaba dijera a quien quisiera oírle que “con tanta gente lista que había en Madrid al Bierzo habían mandado al más tonto”. Sobra decir que yo no oí nunca esta expresión pero quien me la transmitió me merece mucha confianza. En fin, que las cosas se pusieron mal y como el secretario comarcal estaba en buena relación con el secretario provincial (….) y ambos en buena relación con Angélica Rubio, pues empecé a recibir primero toques de atención, chorreos en toda línea después y en algún momento, que ya colocaré mejor un poco más adelante, el aviso inapelable y peligroso de que había dejado de pertenecer al equipo. Lo que pudiera pasarme, en adelante, era cuestión mía.

Y yo, que a lo mejor si era tonto, no supe percibir la poderosa virtualidad de la amenaza.

 

 

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