Historia. Capítulo XII. El Ayuntamiento de Ponferrada

El Bierzo tiene 37 ayuntamientos y con todos ellos, de un modo u otro, tuvo relación Ciuden. Pero, Ponferrada era especial. Desde el principio estaba previsto que la sede de la fundación residiera en esa ciudad, en las instalaciones de la antigua central térmica de Compostilla I, que, según una decisión posterior del Patronato de la fundación a propuesta mía, fueron elegidas también para para alojar  el Museo Nacional de la Energía.

La sede de Ciuden estaría en las antiguas oficinas y las naves de combustión y de generación de electricidad se utilizarían para ubicar las distintas exposiciones del museo. Un museo de la energía en una antigua central térmica tenía sentido. No era una ubicación ideal porque su funcionalidad estaría inevitablemente afectada por su uso anterior; pero no cabe duda de que por la carga simbólica de los espacios, su perfil industrial, la conexión con el poblado urbano de Compostilla, si no era la ubicación perfecta, era la que en Ponferrada cobraba toda la lógica.

En su momento, al marcharse ENDESA de aquella instalación cedió o devolvió los espacios al ayuntamiento; una de esas cesiones aparentemente interesantes para la  ciudad pero que constituyen, en realidad un lastre, ya que si no aparece una oportunidad que revalorice el entorno, cualquier actuación tiene que hacerse a expensas de las arcas públicas. A mi llegada el conjunto formaba parte de un paisaje industrial  en ruina. Un espacio prácticamente saqueado; vaciado de todo lo de valor  por la propia empresa y sometido después al expolio general. En realidad todo aquello seguía en pie como un monumental paquidermo moribundo simplemente porque su demolición costaba dinero.

Existía un Plan de ordenación urbana para aquella zona. Un plan que no asignaba a aquellos miles de metros cuadrados ninguna actividad especial aunque en  la zona circundante se proyectaba una fuerte edificación en altura, al uso del pelotazo urbanístico de los años precedentes. Cuando llegué el plan estaba en trámite, aunque por lo que conocí después, en pleno cambio de ciclo económico nadie parecía creer de verdad que aquel abultado número de viviendas fuera a convertirse en realidad.

De modo que coincidimos en aquel espacio, el plan con su inercia, Ciuden con sus iniciativas y un ayuntamiento con sus intereses que además de ser el propietario de los terrenos podía tomar decisiones políticas y administrativas. Objetivamente el espacio era una fea cicatriz en la cara de la ciudad y el plan era cuestionable, pero los proyectos de Ciuden contribuían a una súbita revalorización del conjunto. En resumen,  existían todos los ingredientes para que se crease un avispero. Y así fue.

 

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