Historia, Capítulo III: Lo mejor, una fundación

La creación de un centro de tecnologías limpias del carbón, era una iniciativa que tenía ya casi dos años de recorrido porque, en primer lugar, su puesta en marcha fue encomendada al Ciemat, un organismo de I+D que, en ese periodo, había creado una pequeña sucursal en el Bierzo. A mi llegada, existía en Ponferrada un grupo de trabajo alojado en unas instalaciones cedidas por la Universidad de León; una realidad mínima de siete personas, que pretendía hacer ver que el proyecto estaba en marcha, aunque era palpable y se palpaba su precariedad; languidecía y sesteaba, sin dirección ni trabajo, como los destacamentos de los ejércitos en las avanzadillas, esperando que el estandarte fuera suficiente para ahuyentar a los hostiles y convencer a los descreídos.

Yo conocía bien el Ciemat, del que era funcionario y en el que había desempeñado la dirección general durante más de diez años. Lo conocía bien y tenía relación con muchos de los directivos e investigadores y sabía de su reluctancia para gestionar sucursales en provincias. Como “Junta de Energía Nuclear” que fue, durante las décadas anteriores a la democracia, tuvo centros abiertos en muchas partes de España y en esa institución se sabía perfectamente lo difícilmente que viajan las ordenes y las instrucciones y lo complicada que resulta la gestión administrativa a distancia. Y más, en esta España autonómica en la que las instituciones del gobierno central pintan cada vez menos y los territorios más, y con una propuesta sometida al control de la presidencia del gobierno que preguntaba sistemáticamente sobre el avance de un proyecto en el que el organismo no creía demasiado.

Así que propiciada, probablemente, desde dentro y desde fuera, en algún momento del año 2006, se tomó la decisión de apartar al Ciemat del proyecto y crear una organización ad hoc, con mayor proximidad al territorio y mayor flexibilidad de gestión; Y de este modo apareció Ciuden, ESTATUTOS. Para hacerlo, la razón esgrimida fue la de la eficacia. Cierto que el proyecto se gestionaba por el Ciemat sin demasiado entusiasmo; pero también, en mi opinión, era atractiva la idea de crear un nuevo ente porque reforzaba el compromiso político con el Bierzo. Y sobre una primera promesa ambiciosa pero cuya tardanza en materializarse estaba cuestionando la credibilidad de sus mentores, se formuló una segunda, de mayor calado, para alumbrar una organización en la que cabían un buen montón de iniciativas relacionadas con la energía, el medio ambiente, la cultura y el patrimonio energético. Con esos objetivos se hubieran podido crear varios entes, tal era su amplitud y ambición; supongo que de este modo, se querían cubrir las limitaciones de la etapa anterior, aunque ello elevara notablemente el listón de la dificultad.

Cómo se pasó de un centro sectorial y tecnológico, para capturar y almacenar el CO2 de la combustión del carbón, a uno de desarrollo territorial, es una historia que refleja bien los cócteles que se pueden “crear”, cuando la lógica política y la administrativa se mezclan en proporciones inadecuadas. Yo no participé en aquella fase, pero si tuve después un contacto frecuente e intenso con los protagonistas y puedo bosquejar una composición de lugar que, más allá de los matices, se ajusta a lo esencial.

El primer ingrediente como ya he dicho, era la necesitad política de “hacer” y de encontrar una solución operativa. Pero hubo que combinarlo con las reticencias de las instancias administrativas, que ponían “bastantes dificultades” para autorizar la creación de una fundación que tuviese como objetivo un proyecto sectorial. Y en ese encaje de bolillos alguien encontró la solución. Ampliar el proyecto con algunas de las propuestas de un antiguo programa electoral del PSOE, “Ponferrada capital de la energía” de las elecciones municipales de 2004. Precisamente, una de ellas, relativa a la creación del “Museo de la Energía”, casaba especialmente bien con las necesidades de sacar adelante la fundación, porque esa fórmula es una de las utilizadas habitualmente en la gestión de estas instituciones. Cómo se personó el PSOE en ese proceso no es difícil de imaginar; seguramente era el principal interesado en conseguir una acción directa del Gobierno en León, lugar de procedencia política del Presidente y en el que ya se había puesto en marcha, con éxito notable una empresa, INTECO, dedicada a temas de seguridad informática

La nueva fundación tenía el encargo de crear un centro de tecnologías limpias del carbón, un museo nacional de la energía, estudiar la restauración ambiental de los espacios degradados por la minería, abordar la rehabilitación del patrimonio industrial, la formación especializada en colaboración con las universidades y especialmente la de León, y genéricamente cualquier otra actuación que la fundación considerase adecuado emprender.

Es difícil saber cómo imaginaron Ciuden sus creadores y como analizaron su potencial contribución al desarrollo de la comarca. Pero, lo que finalmente se plasmó fue una organización que tenía que realizar proyectos muy dispares en cuanto a la temática, especialización y envergadura económica. Siempre me ha parecido que Ciuden no fue el resultado de una reflexión, sino de un proceso inflacionista por el que se fueron acumulando ocurrencias y cuya viabilidad y adecuación no se examinó; como si al escribir, todo pareciera poco y a los creadores se les hubiera “ido la mano” para terminar construyendo una organización que iba más allá del propósito inicial.

1 Comment on Historia, Capítulo III: Lo mejor, una fundación

  1. Cuando hablamos de lo que pasó, se trata de recordar y de reformular a lo largo de la historia el recorrido de la misma, respetando al mismo tiempo la dimensión individual, independiente que tiene para su autor. Pero creo que cada cual puede reescribir toda historia, re-actualizarla y proyectarla a lugares inverosímiles y diversos. De hecho, algunas de los eventos y sensaciones relatadas aquí me han llevado a mi propia experiencia. A situaciones homólogas, que seguramente tenían la misma estructura misteriosa e incomprensible. Lo mejor de trabajar con la memoria es que si el relato tiene como punto de partida el recuerdo de su autor, los que escribamos recurriremos a nuestras experiencias propias, a nuestras imágenes, y serán todas esas aportaciones, esa suma de relatos las que permitirán evocar más y más dimensiones de los hechos. Al final tendremos una historia polifónica. Lo que sucedió en el Bierzo entonces, constituye un banco de materiales que, como dice Maurice Halbwachs, uno de los padres de la Sociología de la memoria, no están fijados o cristalizados, sino en constante revisión. Más bien se nos presentan aquí como una reconstrucción que el autor está haciendo desde su presente actual y que encuentra en este momento de su vida los principios de selección de lo pertinente, de “lo que pasó” entonces y ha resultado ser significativo ahora.
    Y es que la memoria de quien relata, al explorar el pasado, realiza un viaje marcha atrás, con el retrovisor, en el que sabe que el presente es el lugar a donde conduce todo evento y todo detalle finalmente. Es la meta (que conoce porque escribe desde ella), a la que va a desembocar todo y, por tanto, es la posición desde la que se reconstruye lo ha resultado ser realmente significativo de lo que se enuncia el relato. El pasado de toda esta relación del autor con ese maravilloso territorio, el Bierzo, creo yo que lo es de un presente que es en donde está ahora quien escribe y desde donde rememora, uniendo aquello que dice, que no entendía entonces, con el final a donde ha llegado todo y que en aquel momento de la vivencia no podía imaginar pero ahora ya sí, a la luz de lo que ha sucedido. Es así cómo, seguramente, irá descubriendo en todo lo que ha sucedido en el Bierzo y en su relación con Ciuden y de Ciuden con el Bierzo los orígenes de lo que ocurre ahora. Cada acontecimiento de los que ha contado hasta ahora creo que vendrá descrito a la luz de los aconteceres que desde la perspectiva de entonces eran futuros y por tanto no le permitían fijar lo sustancial. Le pasaban inadvertidos dentro de la generalidad que transmite la experiencia inmediata. Toda esta disquisición me recuerda a la conversación entre el más grande de los detectives y su colega:
    -“Me pareció que observaba usted en ella muchas cosas que eran completamente invisibles para mí” -le hice notar.

    -“Invisibles no, Watson, sino inobservadas. Usted no supo dónde mirar, y por eso se le pasó por alto todo lo importante […]. Nunca se confíe a impresiones generales, muchacho, concéntrese en los detalles” –señaló Sherlock Holmes.
    (fragmentos de “La aventura de un caso de identidad”)

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