Miedo.

Lo leí hace un par de días en El Mundo y me me desazonó profundamente. Pau Donés, cantante y colega de fatigas, con un cáncer como el mío, o el mío como el suyo, ha recaído después de un año, tan solo un año.  He sentido miedo, francamente, no tanto por el pobre Pau como porque su recaída pulveriza mi tesis, construida sobre consideraciones peregrinas, de que las recidivas en el cáncer son cosa de cinco o seis años; así que esa reflexión que de facto me otorgaba un salvoconducto temporal se ha volatilizado brusca e inesperadamente. Lo comenté con Fatima, mi mujer, que sentenció enseguida que mi caso es distinto. Qué lo sea o no, nadie lo sabe, pero ella, diligente,  fabricó otro salvoconducto “para los dos”, aunque, en este caso, creo que servirá especialmente “para ella”.

Gracias Pau, por tenerme informado y mucha suerte de todo corazón, porque te tendrán que operar otra vez y a lo mejor vuelves a la quimio y, en fin, a la batalla. Y espero que mi caso sea distinto y espero que no te moleste que lo diga, porque quiero ser optimista y pensar, como hacías tú, que estoy curado; por lo menos hasta que, si llega el caso, en un examen rutinario el marcador de turno se salga de madre.

Seguiré con interés y afecto tu peripecia. No me des las gracias; necesito creer que te va a ir bien.

Abrazos

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