Tengo Cáncer

Como tantos otros. No hay nada de especial en ello, porque el cáncer es una enfermedad muy extendida entre personas de todas las edades y condiciones. Con todo, es una enfermedad estigmatizada como el SIDA, porque ambas pueden resultar mortales y de hecho lo son en muchos casos. Todavía se leen noticias de personas fallecidas después de una “larga enfermedad”, que invariablemente es cáncer.

No se la razón de ese pretendido eufemismo que funciona como un valor convenido para referirse al cáncer sin mencionarlo. Parece que morirse de cáncer es peor que morirse de una larga enfermedad y mucho peor, desde luego, que morirse de una tontería . Yo he experimentado la reacción que se produce en las personas a las que les dices, directamente, que tienes cáncer. Se sobresaltan y consideran tu manifestación un alarde innecesario de franqueza, ante la cual no saben muy bien como reaccionar.

En mi entorno familiar cercano y entre mis amigos hay casos de cáncer que me han enseñado, que esta enfermedad tiene mucha variantes y que, además, en cada persona se particulariza. Y he aprendido que algunos tipos son canallas, asesinos silenciosos, que cuando se manifiestan no están dispuestos a dar ninguna oportunidad. También se que otros te hacen batallar durante años exigiéndote un esfuerzo constante en el que casi no existen recompensas.

Mi cáncer es de colon. He tenido la suerte de que se manifestara con la anticipación suficiente para poderme operar y ahora estoy esperando un tratamiento complementario de quimioterapia que se prolongará durante seis meses. Parece algo con principio y fin y me siento un afortunado frente a tantos que libran batallas tan duras, incluso agónicas, o desenlaces fulminantes que he vivido de cerca. Alguien que en esta enfermedad ha recibido la inmensa fortuna de tener un tratamiento eficaz y un pronostico favorable a largo plazo.

Curioso, ¿verdad? estar casi agradecido a que mi cáncer sea curable, en lugar de rebelarme. Es posible que los casos tan cercanos que he vivido me hayan enseñado algo, además de saber que la rebelión no tiene sentido, entre otras razones, porque no hay contra quién hacerlo. Lo que es cierto es que el cáncer me ha incluido de facto en un grupo de personas especiales: Es un grupo amplio y heterogéneo porque esta enfermedad lo es, pero, no deja de ser un grupo singular con una cierta veteranía social. De hecho, existen muchas estructuras y organizaciones sociales que tratan de ayudar a los enfermos, están en marcha diversas y profundas líneas de investigación para curarlo y la Sociedad, con mayúscula, sabe que debe luchar organizadamente para vencer esta enfermedad endémica.

Yo estoy aprendiendo a tener cáncer y a ser un paciente de cáncer. He sufrido ya un primer proceso de cirugía, que parecía sencillo, o que en mis ignorantes figuraciones, consideraba sencillo; pero a la postre me ha tenido hospitalizado cuatro semanas en las que he atravesado por un sinfín de penalidades, que me gustaría calificar de pequeñas, que me han dejado golpeado y asustado como a esos perros que han sido apaleados con saña y sin razón y te miran desde del dolor y el desconcierto como interrogándote sobre las razones para recibir ese tremendo mal trato.

Me gustaría ser británico, distante y parco en la manifestación de las emociones. Pero no me sale. Necesito decir que en estas semanas de hospital he sido agredido, con agresiones grandes y pequeñas, algunas tan minúsculas, como el pellizco de un guante de goma en el vello del antebrazo al realizar una extracción de sangre; pero que el conjunto, acumulado, una tras otra, tuvo la virtualidad de llevarme a un  nivel de tensión que a veces era insoportable.

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